16 jun. 2011

GUÍA PARA EL ANÁLISIS DE LA FAMILIA ARGENTINA DE URE/BANEGAS Julia Elena Sagaseta

Cristina Banegas dice en un reportaje que Ure es el Stridberg criollo. Y creo que tiene razón. Le atraen las relaciones familiares desquiciadas. Recordemos su puesta de Puesta claro de Griselda Gambaro.

Lo que yo veo en La familia argentina, al revés de las familias disfuncionales del teatro de los 2000, es una naturalización de los límites transgredidos. Ésta no es una familia casi lumpen como la de La omisión de la familia Coleman (que tomo como paradigma de las familias disfuncionales que crecieron en la escena de Buenos Aires en los últimos años). En la obra de Ure tenemos un grupo familiar de clase media acomodada, profesionales, que producen un clima de violencia extrema y cometen excesos. Pero la violencia es una pelea y el incesto (no biológico, sí de vida; Carlos comparte la crianza de Gaby desde que tenía 3 años, iba al colegio a las reuniones de padres (es decir, asumía una paternidad) es naturalizado. La única obra que se podría relacionar a este clima es La escuálida familia de Lola Arias pero allí la autora coloca a los personajes entre la horda y el grupo humano. Aquí, está naturalizado por el coloquialismos de los diálogos, las alusiones al referente y el criterio de actuación, naturalista pero llevado a un paroxismo, que tiene que ver con la técnica de Ure (que sigue Banegas) de violentar al actor, de llevarlo a lo que después Bartís va a denominar “estado de actuación” más que interpretación.

La obra se escribe a fines de los 80 y la puesta mantiene la época (objetos, música, vestimenta). No es una familia cualquiera es la familia argentina. La sagrada familia de clase media (los elementos de clase son muy claros: profesiones, dinero, country, viajes) del país. Es decir una familia que ha vivido la dictadura y ha sacado provecho a la primera década de democracia. Hay una escena que es clave para estos dos temas que le interesan a Ure: naturalización del exceso (de la hybris) y lo político. Es la escena en la que Carlos cuenta un hecho de su consultorio, cuando llega un paciente que es del ERP y le relata su incesto con la hermana antes de participar en un enfrentamiento. Se plantea un dilema moral: antes de salir, cuando él está con temor, aparece la hermana, lo acaricia y terminan teniendo relaciones sexuales. Cuando terminan él se da cuenta que ya es tarde, sale y pierde el contacto. Al día siguiente se entera que la acción se hizo y que hubo víctimas del ERP. Se queda varios días en la casa esperando que lo llamen y todas las noches la hermana vuelve a su cuarto. Al fin, supone que deben pensar que está muerto o que delató y va a ver a su analista y le cuenta. Pero qué cuenta: el hecho que es del ERP, etc., lo que asusta a Carlos, pero sobre todo que ya no sabe qué hacer con la hermana. La acción política más el exceso. Y ¿qué contesta Carlos? Le pide que se vaya, que pone en peligro a la gente, pero ¿qué piensa en realidad? Que no se puede analizar a una persona con esas actividades sexuales. ¿Cómo va a contestar eso un analista si el incesto está en la base del Edipo? Lo dice muy naturalmente y Laura le pregunta: ¿Será cierto lo que te dijo?/Carlos: Ahora pienso que sí. Entonces dudé pero ahora pienso que sí.

¿Qué es lo cierto a lo que se refieren Laura y Carlos? ¿lo del ERP o el incesto? Los temas se entrecruzan y la forma en que actúan esta escena Luis Machín y Claudia Cantero intensifica el choque entre lo que se dice y cómo se presenta. Están hablando de una manera cotidiana, sin alterarse para referirse a un hecho tremendo (acción/incesto). La alteración se presenta en las situaciones que tienen que ver más bien con lo melodramático (padrastro/hijastra) llevado al exceso.

Pero lo melodramático también está parodiado: amores excesivos (de madre y de hija, sobre todo de ésta), venganzas excesivas, amenazas y sobre todo el devenir de la hija en el Epílogo.

La obra también tiene la enciclopedia de la clase media acomodada y profesional de los 80, todavía fuertemente psicoanalizada, lo que le permite parodiar esa profesión.

Lo que más me interesa destacar:

- el naturalismo del exceso

- la mirada política de esa familia como producto de un momento del país (eran jóvenes en los 70), una sagrada familia desquiciada que normaliza todo (padre, hija), que termina normalizando (madre) o que termina en un individualismo feroz (propio de los 90, epílogo, hija muy inteligente que va a triunfar en París, no por nada, patria del psicoanálisis lacaniano)

la actuación como un relato (como dice Bartís y creo que tenemos que aprender a leer un espectáculo como relato de actuación), que presentado desde el naturalismo lo rompe con la forma en que presenta la historia.

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