8 nov. 2009

GUÍA PARA MUÑEQUITA

J.E.Sagaseta

Intertextualidad con El simulacro de Borges, trabajado como cita (ver Genette) y con Esa mujer de Walsh.
La obra trabaja uno de los mitos de la historia argentina, la figura de Eva Perón, y uno de los episodios más increíbles de esa figura: los avatares de su cadáver: oculto, deambulando por varios lugares, por distintas ciudades del mundo, enterrado en Milán con otro nombre, entregado a Perón a principios de los 70 en Madrid, conservado en la quinta de Olivos durante la última presidencia de Perón y finalmente enterrado en la Recoleta en la bóveda de la familia Duarte que visitan los turistas. Durante la resistencia peronista de los años 50 (después de la revolución de 1955 que derroca a Perón) el cadáver se oculta en distintos lugares, como narra Esa mujer. Todos los datos de ese cuento, incluida la necrofilia del militar, son reales. Lo mismo ocurre con lo que relata el cuento de Borges. La realidad supera la ficción.
En el texto que acompaña la pieza, Tantanián dice que la inquietud que lo motivó fue la obsesión que la Argentina tiene con sus muertos. Y cita al Angel de la Historia.
Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso".
Walter Benjamín, Tesis IX

Aunque en Muñequita se señalan con distinto tipo de letra, el texto primero y el texto segundo o acotaciones o didascalias, ambos tienen el mismo valor literario. Quiero decir: el texto segundo no es un conjunto de meras indicaciones, tiene un valor importante, en sí. Hay que detenerse en muchos ejemplos.
¿Quién es el yo que trae a Muñequita, el que teme que no le dejen pasar el cadáver, el que se siente su dueño? En parte es el Coronel Koening de Esa mujer. En el relato de San Martín (p. 17) el narrador es otro y el tono es paródico, humorístico.
El narrador se fractura, se transforma. De pronto no es el que trae el cuerpo sino el mismo cuerpo, es Muñequita (hay también intertextualidad con la Eva Perón de Copi pero Tantanián no la señala y no la hemos tomado. Está implícita en el grupo que la estrenó en París que también hizo Eva Perón).
Ver parte 3.
“Va desnudo.
Desnuda Muñequita.
Su piel lleva el color de la putrefacción.” Y lo que sigue de la acotación
En el monólogo vuelve a haber un narrador/poseedor que agrede.
Ver “Sos un cáncer. Eso sos” Evita muere de cáncer. Los enemigos políticos escriben en las paredes de Buenos Aires “Viva el cáncer” cuando se está muriendo. El lenguaje del personaje se hace soez. Y la identidad sexual se retuerce. Literalmente, como el cadáver con el tiempo, se va deshaciendo (parte 4, p. 26/27).
Parte 8. Enumeración de los muertos. Historia de muertos. Historia de abandonados, de echados. Y allí aparece el fragmento del cuento de Borges.
Parte 9. ¿Quién es el sujeto de la enunciación? Ni Muñequita en sus avatares, en sus devenires, ni su presunto dueño, ni la historia. ¿Quién es ese “soy”. Hacer la lista de todos los soy. Concluye: “Soy la palabra entonces” y “la rosa de nadie”.
Pero lo que concluye, lo que da unidad a todo, es el teatro: “Recuerda lo que quiere. Después de todo el actor es soberano de la escena”

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